Faltan 71 setenta y un días para que se vaya “El Menguante”
En el Sexagésimo tercer jueves, a la Justicia, estamos a su espera.
Hemos sabido de tristezas profundas, de pérdidas irreparables; algunos guardamos luto un tiempo, el justo para que las heridas del alma y las del corazón inicien su rehabilitación; a otros les dura más, pero los hay que duran toda una vida, como si de una novela se tratara.
Yo hago votos para que el duelo que ha iniciado el licenciado José Alejandro Zapata y Perogordo no sea permanente, sino temporal, rehabilitante, edificante y constructivo, siempre con la certeza de que incluso esto (su segunda derrota en la carrera para ser Gobernador del Estado) también pasará.
A quién se le haya ocurrido el luto que viste hoy no sólo el interior del ex aspirante panista a la gubernatura, sino que está siendo exhibido en grandes espectaculares, no es un publicista normal, tiene un sentido del humor muy agudo, casi macabro.
Más que agradecer a los cerca de cuatrocientos mil ciudadanos que votaron por el licenciado Zapata, parece darles el pésame, como si en San Luis no estuviera amaneciendo de la larguísima noche del gobierno de derecha y frívolo que encabezó Su Alteza Serenísima, el Gobernador Marcelo Santos.
No debemos engañarnos, el gobierno derechista, insensible, terco y manipulador mediático de El Inmarcesible, convirtió durante años a nuestra tierra en un páramo, y tras la elección del cinco de julio pasado se han dado señales inequívocas de que está por iniciar un régimen que posee varias virtudes, y que si bien está expuesto a grandes riesgos, tales pueden ser eludidos con éxito.
El Partido Revolucionario Institucional PRI no regresa por haber cambiado positivamente en forma evidente; tampoco regresa porque es el partido con una cartera de propuestas que lograron mover a la sociedad; mucho menos porque sus compromisos se han vuelto explícitos a favor de lo mejor; el PRI ha sido votado mayoritariamente porque aceptó la intromisión benigna de miles de ciudadanos, sobre todo jóvenes, a sus diversas postulaciones y campañas; el PRI ha salido triunfante del proceso electoral porque los potosinos confiamos en que el partido ya es capaz de respetar el designio de la mayoría, y por momentos es sensible a la problemática social.
El PRI deviene en ganador, y el Partido Acción Nacional PAN en derrotado, porque se condujo sin soberbia durante sus procesos internos, no obstante los muchos intentos que hicieron algunos militantes, dirigentes y simpatizantes; al final pudo más la necesidad de regresar al poder público para detener el crecimiento de la derecha descarnada.
Ahora los retos del PRI, de sus candidatos electos, son variados, pero todos caminan en el mismo sendero: Deben construir un gobierno excepcional, paradigmático, claramente reconocible respecto de los anteriores, caracterizado por pocas cosas, pero todas ellas esenciales, si no quiere ser echado en la próxima elección, y quizás ahora para siempre, porque hoy día los ciudadanos nos sabemos dueños de la sanción, y la hemos aplicado.
En el tema de la Justicia, el gobierno que inicia, tanto el del Estado como el de los municipios en que se ganó a los conservadores, debe ser implacable, inflexible y contundente en la salvaguarda del estado de derecho, restaurando de inmediato la confianza de los ciudadanos y contribuyentes, para ello el nuevo Poder Ejecutivo tiene herramientas varias, pero las inmediatas son dos: Los nombramientos del Procurador General de Justicia del Estado, del Secretario de Seguridad Pública, y la urgencia de convocar a una Consulta Estatal para llevar a cabo una reforma profunda en nuestro sistema de Seguridad y Justicia, a efecto de contar de inmediato con mecanismos confiables de prevensión del delito y redirección de las conductas al margen o por encima de las leyes; instituir un sistema de procuración de Justicia que encarne una Fiscalía General del Estado (que tarde que temprano deba ser designada por el voto popular), y una Defensoría Social y de Oficio (en manos de los colegios de profesionistas, o con su participación protagónica), para evitar que el Ministerio Público siga siendo una entidad bipolar, obesa, opaca y esencialmente ineficiente y perjudicial para los ciudadanos.
En el tema de restauración del régimen democrático, de plena rendición de cuentas, transparente en su obrar cotidiano, pero ciento por ciento garante de la gobernabilidad al amparo de la mayoría relativa resultado de la elección, el nuevo gobierno parte de un hecho: Su Alteza Inmarcesible desmanteló con su acción irresponsable, o por omisión culpable, a las entidades que en nuestro sistema debieran servir para ello.
El Congreso del Estado, como funciona y se integra actualmente sirve para dos cosas; el Poder Ejecutivo unipersonal, hasta el asco, se convirtió en un puesto gerencial con muchos lacayos; y los organismos autónomos dejaron de serlo para servir de refugio a vivales y abusivos.
El Secretario General de Gobierno, debe encabezar la operación política que se torna indispensable para consensuar una reforma a las leyes que habilite una cámara de los diputados que sea electa sólo por el principio de representación proporcional, o sólo por el de mayoría; que abra paso a la reelección indefinida de los diputados, al fortalecimiento del régimen de partidos mediante la institucionalización de las candidaturas independientes en Partidos Políticos Temporales, el Voto en Blanco para la repulsa ciudadana y la Moción de Censura surgida en el Congreso o los cabildos, para convocar a una consulta que permita que el Pueblo revoque mandatos.
El Secretario General de Gobierno que deje de ser el sirviente que le carga el portafolios a un gobernador ególatra, para que sea un puente permanente con los partidos políticos, los otros poderes, los organismos ciudadanos y los especializados, con mano dura para que la sordera de los inconformes no impida el diálogo ni los acuerdos francos.
La limpia de los organismos autónomos, o que debieran serlo y aún no lo son, debe partir, desde luego, del Congreso; pero no obsta para que sea el Gobernador del Estado, gastando su bono democrático, quien pida se analice la composición actual, la eficiencia, la eficacia y la capacidad de tales entidades: La Comisión Estatal de Derechos Humanos; la Comisión Estatal de Garantía de Acceso a la Información Pública; el Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana; la Auditoría Superior del Estado; la Contraloría General del Estado, actualmente dependiente del propio Ejecutivo, y que debiera ser posición de la primera minoría electoral.
Ingenuidades
Debemos observar con especial interés y atención a Soledad de Graciano Sánchez; ahí el voto popular nunca pudo emitir una sentencia más clara; los soledenses (y todos los potosinos) esperamos un gobierno humilde, honrado y creativo. Esperamos el retorno inmediato del Estado de Derecho, el cumplimiento de la palabra certificada que dio el Presidente Electo Ricardo Gallardo.
Será objeto de muchas críticas porque su actuar inicial parecerá no rendir frutos, pero si se trabaja con ética y sentido social, estarán sentadas las bases para que nuestro querido municipio vecino se convierta en una ciudad de oportunidades para la gente de bien, y el peor lugar para vivir para delincuentes y sus cómplices; en esa inmensa tarea el Alcalde Ricardo Gallardo debe convocar a la ciudadanía, pues no existe poder más grande que el poder de la gente.
En el Sexagésimo tercer jueves, a la Justicia, estamos a su espera.
Hemos sabido de tristezas profundas, de pérdidas irreparables; algunos guardamos luto un tiempo, el justo para que las heridas del alma y las del corazón inicien su rehabilitación; a otros les dura más, pero los hay que duran toda una vida, como si de una novela se tratara.
Yo hago votos para que el duelo que ha iniciado el licenciado José Alejandro Zapata y Perogordo no sea permanente, sino temporal, rehabilitante, edificante y constructivo, siempre con la certeza de que incluso esto (su segunda derrota en la carrera para ser Gobernador del Estado) también pasará.
A quién se le haya ocurrido el luto que viste hoy no sólo el interior del ex aspirante panista a la gubernatura, sino que está siendo exhibido en grandes espectaculares, no es un publicista normal, tiene un sentido del humor muy agudo, casi macabro.
Más que agradecer a los cerca de cuatrocientos mil ciudadanos que votaron por el licenciado Zapata, parece darles el pésame, como si en San Luis no estuviera amaneciendo de la larguísima noche del gobierno de derecha y frívolo que encabezó Su Alteza Serenísima, el Gobernador Marcelo Santos.
No debemos engañarnos, el gobierno derechista, insensible, terco y manipulador mediático de El Inmarcesible, convirtió durante años a nuestra tierra en un páramo, y tras la elección del cinco de julio pasado se han dado señales inequívocas de que está por iniciar un régimen que posee varias virtudes, y que si bien está expuesto a grandes riesgos, tales pueden ser eludidos con éxito.
El Partido Revolucionario Institucional PRI no regresa por haber cambiado positivamente en forma evidente; tampoco regresa porque es el partido con una cartera de propuestas que lograron mover a la sociedad; mucho menos porque sus compromisos se han vuelto explícitos a favor de lo mejor; el PRI ha sido votado mayoritariamente porque aceptó la intromisión benigna de miles de ciudadanos, sobre todo jóvenes, a sus diversas postulaciones y campañas; el PRI ha salido triunfante del proceso electoral porque los potosinos confiamos en que el partido ya es capaz de respetar el designio de la mayoría, y por momentos es sensible a la problemática social.
El PRI deviene en ganador, y el Partido Acción Nacional PAN en derrotado, porque se condujo sin soberbia durante sus procesos internos, no obstante los muchos intentos que hicieron algunos militantes, dirigentes y simpatizantes; al final pudo más la necesidad de regresar al poder público para detener el crecimiento de la derecha descarnada.
Ahora los retos del PRI, de sus candidatos electos, son variados, pero todos caminan en el mismo sendero: Deben construir un gobierno excepcional, paradigmático, claramente reconocible respecto de los anteriores, caracterizado por pocas cosas, pero todas ellas esenciales, si no quiere ser echado en la próxima elección, y quizás ahora para siempre, porque hoy día los ciudadanos nos sabemos dueños de la sanción, y la hemos aplicado.
En el tema de la Justicia, el gobierno que inicia, tanto el del Estado como el de los municipios en que se ganó a los conservadores, debe ser implacable, inflexible y contundente en la salvaguarda del estado de derecho, restaurando de inmediato la confianza de los ciudadanos y contribuyentes, para ello el nuevo Poder Ejecutivo tiene herramientas varias, pero las inmediatas son dos: Los nombramientos del Procurador General de Justicia del Estado, del Secretario de Seguridad Pública, y la urgencia de convocar a una Consulta Estatal para llevar a cabo una reforma profunda en nuestro sistema de Seguridad y Justicia, a efecto de contar de inmediato con mecanismos confiables de prevensión del delito y redirección de las conductas al margen o por encima de las leyes; instituir un sistema de procuración de Justicia que encarne una Fiscalía General del Estado (que tarde que temprano deba ser designada por el voto popular), y una Defensoría Social y de Oficio (en manos de los colegios de profesionistas, o con su participación protagónica), para evitar que el Ministerio Público siga siendo una entidad bipolar, obesa, opaca y esencialmente ineficiente y perjudicial para los ciudadanos.
En el tema de restauración del régimen democrático, de plena rendición de cuentas, transparente en su obrar cotidiano, pero ciento por ciento garante de la gobernabilidad al amparo de la mayoría relativa resultado de la elección, el nuevo gobierno parte de un hecho: Su Alteza Inmarcesible desmanteló con su acción irresponsable, o por omisión culpable, a las entidades que en nuestro sistema debieran servir para ello.
El Congreso del Estado, como funciona y se integra actualmente sirve para dos cosas; el Poder Ejecutivo unipersonal, hasta el asco, se convirtió en un puesto gerencial con muchos lacayos; y los organismos autónomos dejaron de serlo para servir de refugio a vivales y abusivos.
El Secretario General de Gobierno, debe encabezar la operación política que se torna indispensable para consensuar una reforma a las leyes que habilite una cámara de los diputados que sea electa sólo por el principio de representación proporcional, o sólo por el de mayoría; que abra paso a la reelección indefinida de los diputados, al fortalecimiento del régimen de partidos mediante la institucionalización de las candidaturas independientes en Partidos Políticos Temporales, el Voto en Blanco para la repulsa ciudadana y la Moción de Censura surgida en el Congreso o los cabildos, para convocar a una consulta que permita que el Pueblo revoque mandatos.
El Secretario General de Gobierno que deje de ser el sirviente que le carga el portafolios a un gobernador ególatra, para que sea un puente permanente con los partidos políticos, los otros poderes, los organismos ciudadanos y los especializados, con mano dura para que la sordera de los inconformes no impida el diálogo ni los acuerdos francos.
La limpia de los organismos autónomos, o que debieran serlo y aún no lo son, debe partir, desde luego, del Congreso; pero no obsta para que sea el Gobernador del Estado, gastando su bono democrático, quien pida se analice la composición actual, la eficiencia, la eficacia y la capacidad de tales entidades: La Comisión Estatal de Derechos Humanos; la Comisión Estatal de Garantía de Acceso a la Información Pública; el Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana; la Auditoría Superior del Estado; la Contraloría General del Estado, actualmente dependiente del propio Ejecutivo, y que debiera ser posición de la primera minoría electoral.
Ingenuidades
Debemos observar con especial interés y atención a Soledad de Graciano Sánchez; ahí el voto popular nunca pudo emitir una sentencia más clara; los soledenses (y todos los potosinos) esperamos un gobierno humilde, honrado y creativo. Esperamos el retorno inmediato del Estado de Derecho, el cumplimiento de la palabra certificada que dio el Presidente Electo Ricardo Gallardo.
Será objeto de muchas críticas porque su actuar inicial parecerá no rendir frutos, pero si se trabaja con ética y sentido social, estarán sentadas las bases para que nuestro querido municipio vecino se convierta en una ciudad de oportunidades para la gente de bien, y el peor lugar para vivir para delincuentes y sus cómplices; en esa inmensa tarea el Alcalde Ricardo Gallardo debe convocar a la ciudadanía, pues no existe poder más grande que el poder de la gente.

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